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Por los Amados Lanto y Confucio 26. 06. 1960
El Amado Confucio habla: Mi Amado Bendito
Maestro Lanto: En el proceso de aprender a desenvolverme como anfitrión aquí en los Tetones, he recibido la magnífica asistencia
de la bondad de Tu persona y de la amabilidad, no sólo de Ti, sino de Sanat Kumara y de los Dioses Soles y Diosas Soles cuando
vienen, y de toda la Jerarquía de Maestros Ascendidos, que me tratan con dulzura. Estoy feliz de ver los salones y corredores
de Nuestro Retiro llenos de gente y de proveer para cada quien un sitio de estudio, reflexión y meditación. Estoy feliz de
escoltar personalmente a cada uno a la presencia de la “Llama de la Precipitación” y darles Mi sentimiento de
amor por Ella.
LÁMPARA DE ALADINO Mucho antes de Mi ascensión, yo había leído -como lo han hecho muchos seres humanos-
acerca de la Lámpara de Aladino, de la posibilidad de frotarla y de lograr lo que uno deseara. La primera vez que encontré
que la verdadera lámpara de la precipitación estaba aquí mismo en Estados Unidos de Norte América, y que tuve la oportunidad
de darle Mi amor, Mi gratitud no tuvo límites. Al ser de antecedentes orientales, Mi Único deseo era el de darle Mi amor a
la “Llama de la Precipitación”, poner el altar, bendecirlo y sencillamente amarlo por sí mismo. Bien sabes, Amado
Lanto, que Yo nunca pensé en pedir que esa Llama de la Precipitación actuara a través de Mí para darme un poder precipitador
para bien en Mi propio mundo. Mi amor era demasiado profundo por tan sólo el honor de amarla y custodiarla. Entonces, cuando
TÚ, gran Maestro, me enseñaste que Yo tenía que ser la “Llama de la Precipitación” en acción en el mundo de la
forma, Yo concluí mi curso en Oriente, y dejé aquellos pocos humildes dichos que son meramente parte de la Ley, la que con
creces Yo aprendí. La mayor parte de esa literatura está todavía en posesión del Señor Himalaya.
Ahora puedo decir con ustedes, amen la “Llama de la
Precipitación” con gratitud y reverencia, y puedo decirle a los amados chelas que al amarla, adorarla y darle su aliento
y su luz, a su vez se convierten en una presencia precipitadora de la Virtud Divina, que su propia Presencia "YO SOY" y su
Santa Llama Crística, desean expresar a través de ustedes. Vengan a menudo, quédense tanto como lo deseen, y sepan que siempre
serán bienvenidos -no sólo durante los períodos de treinta días, sino durante todo el año- a Nuestra presencia y para amar
a Nuestra Llama, para amar a Lady Portia, para amar a todos los que han ayudado a sostener la Llama de la Precipitación hasta
el día de hoy.
Les doy las gracias por amar la Llama de la Precipitación,
al Señor Lanto y por soportarme. Confucio
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